Esas dos visitas nocturnas
Todo ha cambiado desde que se fueron, o desde que yo me fui. Ya ni recuerdo como sucedió. Hoy sólo quedan algunos cabellos rojizos en mi ropa que se negaron a dejarme.Puedo afirmar que ahora las cosas están mejor, al fin en su sitio. Nunca dejé de añorar la confortable tristeza que emana tan natural de mis poros.
Por eso pongo todo de mi parte para transformar lo que me rodea en algo diferente a lo que ustedes vieron y vivieron cuando, según recuerdo, fuimos casi hogar.
Las mañanas ya no son tan frías como lo eran hace unos meses. He vuelto a andar en camiseta por la vida sin demasiado temor al hielo que cae por las tardes.
Pero no puedo mentirles. Aún las oigo de noche cuando invaden con sus risas la tranquilidad de mi sueño. Y puedo sentirlas en casa merodeando como felices fantasmas:
la madre vuelve a cantar y a besarme;
y yo vuelvo a abrazarlas y adorarlas.
¿Hasta cuándo irrumpen de esa forma? ¿Ya no se puede estar tranquilo ni en el propio cuarto? Por eso me voy lejos, donde no hay patios ni ventanas ni sueños.















